Cambio climático: Ya llegó, ya está aquí
 
 
Muchos podrían haber pensado que si bien el Cambio Climático era una realidad –por el deshielo de los glaciares, los recurrentes Niño y las grandes inundaciones- estaba, sin embargo, más allá de la vuelta de la esquina. Pero no. El fuerte Niño Costero es parte integrante, a tiempo completo, del CC.
 
Diferentes estudios ya lo preveían, entre ellos uno pionero de la Comunidad Andina (CAN). Afirmaba que, en el 2025, sus integrantes tendrían en promedio un PBI menor en 4.5% debido al CC. En Bolivia y Ecuador el PBI sería 7.3 y 6.2% menor, mientras que Perú y Colombia perderían 4.4 y 4.5%, respectivamente (1).
 
Los países en desarrollo pierden más que los industrializados porque, de un lado, la agricultura juega un papel clave en la generación del empleo y el valor de la producción. Y, de otro, porque la vulnerabilidad de la población es mayor, dada la menor disponibilidad de servicios públicos y el menor desarrollo institucional (obvio, ahora lo sabemos). India, Africa y los países de ingresos bajos y medianos sufren mucho más que los países de la OCDE.
 
Estamos frente al deterioro de un bien público global, por lo que solo puede ser combatido y controlado si hay, valga la redundancia, un compromiso global. Todos tienen que entrar, sobre todo, los que contaminan más, los países industrializados (que, paradójicamente, sufren menos). Recordemos, que, según la OCDE, los combustibles fósiles (carbón, hidrocarburos) seguirán siendo el 80% del consumo de energía en el 2040. Terrible.
 
Esa es la tarea de la ONU, en las diferentes Conferencias de las Partes (COP). Y si bien es cierto que en París la COP 21 tuvo un acuerdo unánime (repetimos, unánime), el compromiso de que la temperatura solo aumente en 2 grados centígrados no se logró, pues las metas acordadas prevén un aumento de 2.7 grados. Aún así es un avance pues las metas antes de la COP 21 preveían un aumento de 3.5 grados. Otra vez terrible.
 
Lo positivo es que esto tiene arreglo. Dice Nicholas Stern (ex jefe de economistas del Banco Mundial) en un informe preparado para el gobierno del Reino Unido que el costo de reducir las emisiones es 1% anual del PBI global al 2050. Como el PBI mundial asciende a US$ 73 billones (el PBI de EEUU y China es de US$ 18 y 11 billones, respectivamente) ese 1% son US$ 730,000 millones anuales, o sea 3.5 veces el PBI peruano. No es una cifra inalcanzable, sobre todo si el costo de no hacer nada, dice Stern, es 5% del PBI al 2050. Pero lo comprometido en la COP 21 del 2015 apenas llega a US$ 100,000 millones. Y eso recién en el 2020. Así no es.
 
La pésima noticia es que Trump acaba de tirar al tacho los compromisos de Obama en la COP 21. No solo le está reduciendo el presupuesto al ente ambiental, sino que está autorizando una mayor producción de carbón y relajando los estándares de emisión de CO2 en la industria automotriz. Dice el New York Times (2) que el compromiso de EEUU de reducir sus emisiones en 26% al 2025 ya tenía problemas con las políticas de Obama porque solo llegarían a la mitad de ese 26%. Ahora, con Trump, se van a emitir 650 megatones más de CO2 al 2025. Si se queda Trump, ya fuimos.
 
Otro punto negativo es que los compromisos de reducción de emisiones de la COP 21 no son vinculantes. Son solo compromisos. Por eso Trump hace lo que ya hizo. Pero debieran serlo. En el caso de Chile, su plan de energía (aprobado por Decreto Supremo) prevé que el 70% de su consumo de electricidad provendrá de energías limpias al 2030 (3).
 
Perú no tiene plan de energía vinculante, aunque sí tiene un programa de apoyo a las energías renovables –eólica, solar- que todos pagamos en las tarifas eléctricas, el mismo que es atacado por “caro” e “ineficiente” por los actuales dueños del mercado. No, pues. Los compromisos de Perú en la COP 21 deben ser vinculantes. Hasta ahora son solo una declaración de intenciones. Hagamos que se cumplan.
 
Hay que cambiar la matriz energética y consumir más gas, que es más limpio y menos caro que el petróleo, para lo cual hay que culminar el proyecto integral del gasoducto surperuano. Hay que apoyar la modernización de Talara que reducirá la emisión de azufre a 50 partes por millón en el diésel y las gasolinas (esto último no lo hace La Pampilla) y alejarnos de las actividades extractivas mediante la diversificación productiva.
 
No somos un gran país emisor de CO2 pero pagamos los platos rotos. Nos tocaba “adaptarnos al CC”, pero eso ya fue rebasado. Es cierto que las ciudades han invadido los ríos, pero también que hay, y habrá, más desastres naturales. Por eso, y por la madre tierra que necesita un cambio de modelo económico, Perú tiene la obligación de ser líder en la lucha contra el CC. Ni más ni menos.
 
1 El pronóstico tomó como base el modelo econométrico “US Market Consequences of Global Climate Change”, que proporciona el detalle sectorial adecuado para la extrapolación de los resultados para países en vías de desarrollo. Ver “Impacto del CC en la CAN”, Lima, 2008.
 
2 “Trump’s Executive Order Pushes the U.S. Climate Pledge Further Out of Reach, New York Times”, 28 de marzo,www.nytimes.com
(3) Ver “Energía Perú al 2050”, www.cristaldemira.com, 25/07/2016


Publicado el 03 de Abril de 2017
   
 
   
 
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