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¿Demasiado poder económico? |
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Por FRANCISCO DURAND (*).-
Un signo de los tiempos, en cualquier continente, es el enorme poder acumulado por los grandes conglomerados de empresas, llámense corporations, chaebols, konzerns o, para no ir muy lejos, grupos de poder económico. Este poder material es resultado de una ola de fusiones iniciada en 1980, cuando comienza a reinar el neoliberalismo como nueva doctrina que los libera de regulaciones y ataduras.
Es asimismo resultado de la derrota de dos fuerzas históricas que contenÃan a la gran empresa conglomerada, que es el principal agente de la globalización: el nacionalismo del tercer mundo y el socialismo europeo, que también sucumben en la década del 80. Ello les abre mercados y los hace participar en el más grande remate de bienes de la historia contemporánea: la privatización de empresas públicas.
Tres son sus consecuencias sociales más importantes. Uno, se ha generado una hiperconcentración de la riqueza en megaempresas, mayormente internacionalizadas, a niveles nunca antes vistos. Dos, se ha debilitado a las fuerzas (sindicatos y partidos) e instituciones (el Estado, universidades públicas) que regulaban, cuestionaban o limitaban su poder. Tres, la sociedad civil se ha hecho más dependiente de ese gran poder. Todo ello ha generado un cambio de proporciones gigantescas en la correlación de fuerzas, lo que tiene una implicancia polÃtica.
Ese enorme poder económico, de una u otra manera, complejamente, se traduce en acceso e influencia polÃtica. ¿Cómo se ejerce ese poder?:
Primero, las megaempresas tienen el poder de determinar en buena parte el nivel de empleo e ingresos. Son más fuertes cuando están a punto de invertir pues siempre pueden amenazar con no hacerlo e irse rápidamente a otro mercado (gracias a la globalización). Por ello obtienen privilegios como los contratos de estabilidad tributaria, de los cuales gozan un club exclusivo de grandes.
Segundo, han acumulado enorme poder material e institucional, es decir, de redes sociales y organizaciones, al estar instalados en nichos claves del mercado, lo que les permite financiar campañas electorales y un mayor acceso y una mayor influencia en el Estado, particularmente en el Ejecutivo. El mejor ejemplo es el DS 120-94-EF donde no solo se fusionaron libre de impuestos, sino que además (sin mediar razón, y a pesar del agujero fiscal que generó) podÃan además tener doble depreciación de activos (¿quién dice que no hay "lonche gratis"?). Las megaempresas están sobrerrepresentadas al habérsele asignado permanentemente una cartera del gabinete (Industrias) y con bastante frecuencia otra mayor (EconomÃa y Finanzas). También porque colocan a sus especialistas en cargos estatales de alto nivel como asesores y funcionarios (caso del MEF). Son dos privilegios de los cuales no gozan, por ejemplo, obreros, campesinos y pobladores urbanos.
Tercero, determinan los tipos de consumo e influyen culturalmente vÃa los medios y los conglomerados de la comunicación y sus nuevas tecnologÃas (satélite, cable).
Cuarto, influyen en la opinión pública al hacer que sus especialistas (bancos de inversión, consultoras de alto nivel ligadas a ellas) tengan acceso privilegiado a la prensa, más que los economistas independientes.
Quinto, al ser los principales clientes de los medios (avisaje), se les garantiza prensa positiva y muchas veces logran evitar las noticias negativas.
Este poder puede usarse y abusarse. Cuidado.
(*) Columnista invitado.
Publicado el 10 de Julio de 2003
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Información complementaria utilizada para la elaboración
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